¿Qué es la contaminación?

La preocupación por la calidad del aire y por la contaminación atmosférica es una de las muchas inquietudes de  este siglo XXI. Desde hace un par de décadas, los gobiernos, administraciones, empresas e  individuos ponen cada vez más atención en esa pregunta de ¿qué les dejaremos a nuestros hijos? Se ha tomado conciencia de circunstancias tan importantes como el agujero en la capa de ozono, el incremento de enfermedades respiratorias o una mayor incidencia de los casos de cáncer causados por factores medioambientales.

contaminación

Foto procedente de morguefile.com

Con la evolución tecnológica e industrial las formas de contaminar han cambiado. Es cierto que se aprovechan energías menos perjudiciales como la fluvial o la eólica, pero, también, las emisiones cotidianas han aumentado: el tráfico, los aerosoles, etc. contribuyen a que nuestro aire no tenga la calidad deseada. Pese a que la combustión de carbón utilizada el siglo pasado producía mayores emisiones directas, el uso de derivados del petróleo ha diversificado las formas en las que estas se llevan a cabo. Además, en  los últimos tiempos se han estudiado otros modos de perjudicar el medio ambiente que nos rodea como por ejemplo la contaminación acústica.

Esto lleva a que las campañas de información, concienciación y educación medioambiental sean fundamentales para, entre todos, comprometernos a desarrollar soluciones sostenibles y un cambio en los comportamientos.

En concreto, en España este campo viene regulado por la Ley 38/1972, de 22 de Diciembre de Protección del Ambiente Atmosférico. En ella se define la contaminación atmosférica como “La presencia en el aire de materias o formas de energía que impliquen riesgo, daño o molestia grave para las personas y bienes de cualquier naturaleza”. Es decir, contaminación es todo aquello que produce efectos perjudiciales sobre el medio. Puede considerarse como contaminación primaria y secundaria.

Los contaminantes primarios son las sustancias vertidas directamente a la atmósfera por la acción de los seres humanos y del resto de seres que habitan el planeta. Dentro de este tipo de residuos, los más  importantes son las partículas en suspensión o sedimentables, entre ellas se encuentra el dióxido de azufre, los óxidos de nitrógeno, el monóxido de carbono y los hidrocarburos. Estos compuestos dañan la vegetación, perjudican la fotosíntesis y son perjudiciales para nuestro sistema respiratorio.

Por otro lado, los secundarios son los que se producen como consecuencia de las transformaciones y reacciones químicas y fotoquímicas que sufren los contaminantes del primer tipo en el seno de la atmósfera. Estos cambios llevan a alteraciones como la contaminación fotoquímica, que el medio se vuelva ácido y la disminución del espesor de la capa de ozono.

Tanto unos como otros, pueden acabar sobre la superficie de la tierra en dos maneras: por precipitación o por deposición. Son nocivos para todo lo que hay en nuestro planeta. Por ello hay legislaciones nacionales e internacionales que intentan paliar sus efectos, marcar unos límites y así evitar consecuencias negativas sobre la población.

No obstante nosotros también podemos tomar medidas a nivel particular, por ejemplo adquiriendo purificadores de aire. En este enlace podéis ver vídeos de cómo funcionan los de la marca Filter Queen

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